domingo, 14 de diciembre de 2014

Zaragoza, Fuendetodos, Azaila, Alborge, Sástago, Cinco Olivas, Quinto, Belchite, El Burgo, Zaragoza


Las fotografías las realicé ayer en el itinerario, que luego precisaré un poco más, descrito en el título. Fueron 252 Km, en general, llanos, así que le calculo un desnivel de entre 1.000 y 1.500 metros.


Magnífica ruta, llena de contrastes y pintorescos rincones, destacando la estepa del Campo de Belchite y la espectacularidad del Ebro deambulando por el desierto.


A diferencia de otras grandes ciudades Zaragoza no tiene importantes núcleos periféricos por lo que enseguida encontramos  espacios abiertos y tranquilos.

 El modesto Alto de Jaulín queda rematado por un búnker de la Guerra Civil.


Entre Fuendetodos y Belchite la estepa domina el horizonte y nos vamos encontrando larguísimas rectas.


El pueblo de Belchite fue arrasado en la Guerra Civil, como puede observarse en esta vista parcial del núcleo antiguo.

Con la niebla en el horizonte pasar frío sólo era cuestión tiempo.

¡Inmersión!

Primer paso por Sástago.



Alborge.

Aquí tomé dirección Bujaraloz para, después, empalmar con una carretera que baja a Sástago. Este terreno, donde el Ebro convive con el desierto, me resultó espectacular.





Segundo paso por Sástago.

Cinco Olivas (Five Olives)

En la Guerra Civil esta región albergó a la Comuna Durri y fue bombardeada, por las tropas franquistas, sin piedad. De hecho mi abuela paterna perdió a dos de sus hermanos en una de estas atrocidades.


En Quinto, me asaba.

De regreso a Belchite volvemos a la Estepa.



Entre Belchite y Mediana se encuentra la recta más larga de Aragón, lo que la convierte en candidata a la recta más larga de España. Lástima que el tráfico no me permitió realizar una fotografía en condiciones pero baste decir que el tramo es sobrecogedor.

Cerca de Mediana.

No quería acabar, teniendo en cuenta que ya anochecía, en la Nacional 232 pero la Vía Michelín me la había jugado (inventándose carreteras secundarias) y no tuve opción.
No obstante pude evitar unos pocos kilómetros de esta peligrosa carretera, con dos carriles por sentido, tráfico rápido y múltiples entradas y salidas, gracias a un camino de tierra.


Y en la gran ciudad siguieron las complicaciones. Primero un pinchazo y, después, un extravío, ¿y qué diantres hago yo aquí?



Había acabado en Puerto Venecia (¿?), un macrocentro comercial y, claro está, me acojoné. Así que no me quedó otra que, y tragándome el orgullo, recurrir a la penosa tarea de preguntar.