sábado, 15 de junio de 2019

Crónica de la Vuelta a la Serranía Celtibérica




Las fotografías las realicé entre el sábado 8 y el miércoles 11 de Junio, en el siguiente recorrido:

Zaragoza, Cariñena, Ólvega, Soria, Laguna de Cameros, Montenegro, Mansilla, Salas de los Infantes, Peñaranda de Duero, San Esteban de Gormaz, Riaza, Majaelrayo, Atienza, Sigüenza, Priego, Poyatos, Valdemeca, Ademuz, Mas de los Olmos, Losilla, Torrijas, Olba, Fuentes de Rubielos, Lucena del Cid, Ares, Cantavieja, Villarroya, Aliaga, Utrillas, Fonfría, Herrera, Zaragoza.

Fueron 1.502 Km y 17.000 metros de desnivel en 3 días y 19 horas.

Paré a dormir dos veces, por lo que podría hablar de tres etapas: Zaragoza- Fuertescusa (828 Km), Fuertescusa- Lucena del Cid (318 Km) y Lucena del Cid- Zaragoza (356 Km).

Nota: Los textos introductorios de los capítulos están sacados de relatos de Jack London.

Preámbulo.

 Ayer nos dominaba el horrible silencio del invierno, hoy tenemos una extraña sensación de inquietud, de expectación inconsciente, y mañana se oirá el crujir de las ataduras romperse y la primavera en todo su esplendor nos rodeará como una visión maravillosa (del relato La prueba: Un cortejo del Klondike).

El invierno, y gran parte de la primavera, quedaron sepultados bajo un sinfín de quehaceres.
Ahora, recuperado el sosiego, siento la Race Acros France a tan solo un palmo de distancia; julio está a la vuelta de la esquina pero no consigo recordar ni las gélidas mañanas de enero ni las ventosas tardes primaverales, ¿dónde quedó todo aquello?.

Devorado por las urgencias busqué soluciones, y parte de la experiencia que me falta, en la Serranía Celtibérica, un terreno de malos asfaltos y caminos solitarios con una densidad de población inferior a la de Laponia.

De alguna manera tenía que probarme, quiero llegar a Francia sabiendo que tengo opciones de terminar, necesito tomar la salida sin sentirme un mequetrefe al que todo le viene grande.

Ojalá me vaya bien por Francia y ojalá el territorio por el que transité en este viaje salga del pozo de la despoblación y recupere su esplendor; hay motivos para creer.

Aventura dedicada a la España vacía.


 Capítulo 1.

No recurrió a la carta marina. Llevaba gravadas en la memoria todas islas, arrecifes, bajíos, entradas y distancias. Las conocía igual que un habitante de ciudad conoces sus edificios,  las calles y las callejuelas. (La Casta de McCoy.)

Es curioso, pero dentro de la atmósfera que solo los grandes retos recrean, todo se percibe más pausadamente, como si se avanzase palmo a palmo, y los lugares conocidos lucen de manera diferente; hay rincones que resultan irreconocibles.

Esto forma parte de la magia del ciclismo de larga distancia y disfruté mucho de este primer día.

Bonitas vistas del río Grío, en la provincia de Zaragoza.




Llegando a Calcena




Ascensión a Beratón.


Aldeapozo, en la provincia de Soria.


Detalle del Puerto de Piqueras.


Ya estoy en La Rioja.

Laguna de Cameros.


Puerto de la Rasa.


Puerto de Montenegro de Cameros.




Capítulo 2.

La noche interminable se había ido, aunque no sabía dónde o cómo la había pasado, y el día se abrió (…) como un destello cegador”. (Acción de gracias en el arroyo Slav).

Unos ciervos me dan la bienvenida en el pueblo de Tabladas e intuyo que la noche será entretenida.

Me crucé con más de una decena de ellos pero, manteniendo siempre la prudencia, no supusieron ningún peligro. Se veían bien cuando campaban por la carretera y se oían cuando amenazaban con abandonar la espesura del bosque para cortar la calzada.

Y así, con los ojo barriendo los arcenes y las orejas afiladas, la noche pasó volando.

Pude desayunar en Riaza (Segovia) y afrontar en condiciones el complicado rompepiernas que es el norte de la provincia de Guadalajara.

Acertada señal.


Salas de los Infantes, ya en Burgos.


Subiendo  el puerto de la Quesera, que hace de frontera entre Segovia y Guadalajara.


Tranquilidad y montañas en mi periplo por Guadalajara.



Pasado Sigüenza la cosa suaviza y pude llegar al hotel sobre las diez de la noche.





Capítulo 3.

Mientras el aire brilla y corta, y se siente en la sangre: cada aspiración te devuelve el ánimo y las ganas de vivir. Entonces es cuando el mundo se queda pequeño y el espíritu viajero se apodera de nosotros (Los hombres de Forty MIle).

¡Qué descubrimiento la Serranía conquense!

 No conocía casi nada de este lugar y todo fueron sorpresas agradables pues hallé un sinfín de cuestas y repechos en un ambiente de paz y sosiego. Desde luego, una región para perderse.

Lo duro vino al final de la jornada, pasadas las provincias de Valencia y Teruel, y ya en tierras castellonenses.

Un tramo final inesperadamente duro me condena a rodar de noche.

Joder, a las diez yo tendría que estar sentado en una buena mesa y, sin embargo, todavía ando para arriba y para abajo, pedaleando a regañadientes y gastando gran parte de mi paciencia.

Pero todo tiene un final y llego al hotel sobre las once y media.

Bonitos parajes en Cuenca.



Ademuz, en la provincia de Valencia.

Subida a Mas de los Olmos.


Menos mal que me dejaron pasar porque sino hubiese llegado al hotel a las tantas de la madrugada.

 Alto de Losilla.





Torrijas, en Teruel.


Cerca de Olba.


En Castellón, puerto va, puerto viene.





Capítulo 4.

Continuó avanzado, sin prisa y sin entusiasmo. En su rostro no había piedad ni pasión, sino el gesto paciente e imperturbable de quien tiene un trabajo que hacer y se pone a ello de forma metódica (En una región lejana).

Frío, viento, casi todo el tiempo en contra, algo de lluvia y muchos kilómetros soportando el traqueteo de los infinitos baches que perforan gran parte de la red viaria aragonesa.

Pero bueno, aguanté bien y acabé contento, ha sido un bonito viaje y una gran prueba de fuego por las diez provincias que componen la Serranía Celtibérica.

Empiezo la jornada por Castellón.



La Iglesuela del Cid me da la bienvenida a Teruel.


Puerto de Cuarto Pelado.


Mucho frío en el alto de Villarroya.


Camino de Aliaga. Allí tuve que parar unos diez minutos porque empezó a llover con bastante intensidad.


Puerto de San Just.

Cerca de Fonfría.


Ya en la provincia de Zaragoza, camino de Herrera de los Navarros.


No puede verse pero unos metros más allá está la Virgen de la Dorleta, patrona de los cicloturistas.





Y ahora a descansar y a ver si puedo, antes de ir a Francia, hacer un buen par de etapas por Los Pirineos.

Enlace al Bikemaps



Más sobre la Serranía Celtibérica.

http://www.celtiberica.es/