Es una carrera (aunque dado mi nivel yo sólo puedo tomármela contra mí mismo) de 1.024 Km y 12.500 metros de desnivel que ha celebrado su primera edición.
Consta de tres bucles (de 513, 228 y 283 Km) empezando y terminando cada uno de ellos en Vila- Mea y hay un tiempo límite para acabarla de 96 horas.
La prueba es una contra-reloj en la que íbamos saliendo cada minuto.
Nos dimos cita 73 corredores y acabamos 46. La alta tasa de abandonos, más teniendo en cuenta que podía hacerse hasta en 4 días, se entenderá una vez leída la crónica.
Mi momento de salida fue a las 20:37 horas.
Yo pude completarla en 60 horas y y 47 minutos (17º).
Nota: Siempre suelo tomarme mi tiempo para escribir estas crónicas pero,en esta ocasión, y dadas las particularidades de la aventura, sólo he podido hacerlo de una manera compulsiva, poco elaborada y sin una narrativa lineal y clara. No he querido darle muchas vueltas y aquí está el resultado.
Capítulo 1. La chapa ondulada.
(Camioneros
transportando un cargamento de nitroglicerina)
Bimba: ¿Tú sabes lo
que es la chapa ondulada?
Luigi: ¿No es con lo
que se cubren las barracas?
Bimba: En Europa sí
pero aquí es una carretera mala. El viento la erosiona, ondula el camino como
una piel vieja, hace vibrar el chásis hasta hacerlo polvo.
Luigi: ¡La nitro!
Puede explotar
Bimba: Si te mantienes
a cuarenta circulas sobre las crestas sin sentir nada. Pero hay que mantener la
velocidad. Si bajas a treinta, vibras y…se acabó.
Bimba: Después del
puente aceleras. Tienes que ponerte a cuarenta. Tienes doscientos metros.
Treinta, treinta y cinco, cuarenta. Ya está. Mantente a cuarenta y no lo
muevas. ¿Qué es eso? ¿Lo oyes?
Luigi: Nada, será un
extraño en el carburador.
Bimba: ¿Seguro? No
será que la gasolina tiene agua.
Luigi: No seas gafe.
Bimba: Estamos en la
chapa. Si ahora el motor nos traicionara…adiós amigo.
(de la película El
salario del miedo de Henri Clouzot)
Para los conductores portugueses un ciclista es un obstáculo a esquivar. Te ven y te pasan sin miramientos como quien sortea una piedra. Si viene otro vehículo de frente pues mala suerte y ya se verá.
Si a eso le añadimos la falta de arcenes, los baches, el pavé en muchas ciudades y la presencia de alcantarillas mal selladas (entre la chapa y el asfalto queda un hueco considerable) acabas condenado a rodar con mucha tensión cuando ruge el tráfico.
Así pues, en algunos momentos tienes una caravana de coches, camiones y autobuses pasándote a dos palmos. Un pinchazo, un fallo en un pedal, cualquier imprevisto y adiós muy buenas.
Mención especial a las rotondas. Por inercia acabas entrando en las mismas por la derecha lo que te obliga a tomar la primera salida y, si ese no es tu destino, rectificar la trayectoria.
Si todo va bien, si llegas lanzado y con buena perspectiva y la rotonda no está saturada puedes jugar a una especie de tetris frenando y acelerando para dejar paso al que viene por la derecha y moverte hacia la izquierda sin toparte con el que viene por el centro.
Pero si tienes mala suerte y tienes que parar antes de entrar y el tráfico viene lanzado por todos los carriles de la rotonda la cosa se complica sobre manera y tienes que tener confianza en que los coches te verán y frenarán. O sea, que estás vendido y poco puedes hacer (la opción de salir por la derecha y luego dar la vuelta puede no ser válida si ese carril te lleva a una autopista, por ejemplo).
En este sentido, los dos pasos por Braga (Km 440 y 800) fueron muy complicados aunque hubo otros muchos sectores peligrosísimos.
Me insensibilicé pronto a los peligros, supe aislarme evitando el miedo, pero la tensión fue generando un plus de cansancio, de hastío, de agotamiento que añadieron mucha dificultad al recorrido.
Capítulo 2. Ciclismo Cara B.
Bueno, es un oficio como otro cualquiera. Ando mucho, duermo poco y lo que veo no me gusta nada.
(De la película El Crack 2 de José Luis Garci).
Salvo los 200 Km iniciales, todos nocturnos, y el primer
paso por Oporto en menos de ocho horas. El saldo de kilómetros recorridos con
respecto a mi plan más optimista arroja una cuantiosa suma a mi favor. Me siento fuerte y con todo de cara.
Pero llegó un tramo de pavé de casi veinte kilómetros y se
acabó la noche de carreras.
Esos adoquines, mientras castigaban mi lumbago sin piedad,
liquidaron, amén de mis sueños, el enganche al manillar del GPS.
Al menos el aparato cedió de día y pude ver
volar el GPS y recuperarlo (sin GPS en una prueba así estás perdido, no es un
mal menor).
Algo romperían las vibraciones de los adoquines porque ya no
hubo forma de encajarlo y tuve que improvisar un remedio a base de mucha cinta
aislante que, para mi sorpresa, aguantó toda la ruta con sus cientos de miles
de adoquines (más de 50 Km en total).
Volví a toparme con ese tramo de pavé devastador en la última noche,
en sentido contrario, pero ya nada era igual. ¿Qué más da un plus de dureza habiendo sobrevivido a los peligros de Braga?
Capítulo 3. Oporto.
Capitán Stransky: Sí, capitán Kissel. Estaba a punto de salir.
Capitán Kissel: No salga todavía y
escúcheme. El mando considera que es poco sensato, incluso suicida, dejar
detrás pelotones de retaguardia, incluso el de Steiner. Quiero que se unan a la
evacuación inmediatamente. ¿Me ha entendido?
(de la película La Cruz de Hierro de Sam Peckimpah).
El primer paso por el Gran Oporto, y su millón y medio de almas, al resguardo de la noche, resulta hermoso y evocador.
No obstante tomo nota de la longitud del tramo y los detalles porque deberé cruzar la urbe dos veces más llegando a la conclusión que hacerlo de día será un infierno agotador y peligroso.
Completado el primer bucle (514 Km en algo menos de 24 horas) tengo prisa por volver a la carretera porque no quiero afrontar el segundo paso por la ciudad de día (a unos 100-120 Km) y no quiero asumir ningún riesgo en este lance.
El tiempo juega en mi contra y me decido a parar sólo lo necesario. Ducha, cena, organizar mis enseres para la segunda parte y dormir poco menos de una hora en el coche.
Para el tercer paso (Km 870 de la prueba) me ocurrió lo contrario. No me vi con fuerzas de hacerlo con seguridad en plena ebullición nocturna (ya era viernes) y paré en un hotel cinco horas para llegar allí en ese punto muerto donde los borrachos y los madrugadores coinciden en el rellano.
Y así me dieron las sesenta horas en la prueba.
Primera noche
Segunda noche
Tercera noche
Capítulo 4. Ciclismo cara A.
Hay momentos de plenitud que deberían ser eternos.
(De la película El
Crack 2 de José Luis Garci).
La compra de un piso se llevó por delante los proyectos ciclistas
del último verano y un invierno malo me hizo llegar a este reto con muchas
dudas: ¿una mala primavera después de un invierno malo?.
Pero empiezo fuerte. Me encuentro muy, muy, muy bien en los
primeros repechos. Las bajadas son cómodas y la continua presencia de otros participantes
me invitan rodar a buen ritmo en los tramos llanos.
¿Y si fuese el día de bajar de las 50 horas en un mil? Es
algo que me hace mucha ilusión y me quedé cerca en mis dos intentos anteriores
(Zaragoza 2014 y Laloubere 2024).
La oportunidad es esta, me dije, creyendo tener todos los
ases en la mano.
Duró poco tiempo esta fantasía pero ¿acaso los momentos de
plenitud se miden con un cronómetro?
Después hubo también otros momentos buenos como la
grata sorpresa de aguantar bien la segunda noche tras haber mal dormido tan
sólo cuarenta minutos en el coche, rodar muchos kilómetros en buena compañía,
sentir la
brisa atlántica durante horas y la tranquilidad de los tramos verdes y
azules.
La salida, siempre con la ilusión de afrontar un nuevo reto.
Muchos compañeros en el camino y muchos kilómetros con Salva (viejo conocido y un grandísimo corredor que acabó 13º) presente en las dos últimas fotos de la serie.
También coincidí, aunque en la carretera sólo un minuto porque diez de cada diez cardiólogos me recomendarían no seguir su ritmo más tiempo, con Juan Pedro (hizo 10º en otra de sus habituales exhibiciones).
Grata soledad dentro de un entorno pintoresco y llamativo.
Bueno, otra aventura más. Esperemos que al año que viene planteen un recorrido más sensato y prudente. En tal caso me gustaría volver porque Portugal tiene bastante que ofrecer.
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